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Vecinos de la acusada y el decapitado de Castro no percibieron «nada extraño» ni «discusiones fuertes»

Vecinos de la acusada y el decapitado de Castro no percibieron «nada extraño» ni «discusiones fuertes»

La denuncia por la desaparición de Baranda la hizo su primo y Merino se presentó en el cuartel más tarde, solicitado por los agentes.

SANTANDER, 10 de noviembre (Diario de Cantabria) –

Vecinos de la acusada de matar a su pareja en Castro Urdiales, Carmen Merino, y de la víctima -Jesús María Baranda, cuya cabeza apareció en un paquete que le había dado a una amiga para que la guardara en su casa- no notan que pasó «nada extraño» en el salón de la pareja, en la calle Padre Basabe de la localidad de Cantabra, en remates cercanos a la desaparición de la misma, en febrero de 2019 (la calavera fue halló en septiembre), en el tampoco «fuertes discusiones» entre ambos.

Así lo aseguraron este jueves cuatro personas que viven en el mismo edificio, quienes si bien especificaron que no es su residencia habitual o que trabajan fuera, coincidieron en que no han visto ni escuchado nada extraño, ni directamente ni a través de terceros. comentarios. , al igual que otros propietarios o inquilinos.

Además, coincidieron en que es la «primera vez» que se cuestionan estos extremos, en el juicio que se desarrolla esta semana y la próxima en la Audiencia Provincial de Cantabria contra el acusado, un sevillano de 64 años. Su novio, un banquero vasco jubilado, tenía 67 años cuando desapareció.

Los vecinos comparecieron como testigos propuestos por la defensa y subrayaron, a preguntas de esta parte, que ni la Policía Nacional ni la Guardia Civil -u otras Fuerzas y Órganos de Seguridad del Estado- se han puesto en contacto con ellos hasta el momento, ni se han puesto en contacto con los agentes.

En la audiencia, cuarta del pleno ante el Tribunal del Jurado constituido en la Sección Tercera de la AP, también declaró -a petición del fiscal- un miembro de la Benemérita que intervino en la denuncia por la desaparición de Baranda y en la sustracción testimonio de Merino, que se enfrenta a 25 años de prisión por homicidio a petición del Ministerio Público (los hijos del occiso, que procesan de forma privada, reclaman prisión permanente revisable).

Explicó que la solicitud la hizo en abril un primo del desaparecido, tras lo cual llamaron a su entonces compañero, quien no objetó y se presentó en el cuartel “después de dos horas”. Por lo tanto, no sabe que Merino fue voluntariamente, sino cuando se lo preguntaron.

Este vigilante -quien señaló que el protocolo de búsqueda se activa luego de que se reporta la desaparición- también manifestó que no tenía constancia de que el sospechoso hubiera estado allí antes de la denuncia por parte de las agencias, ni que hubiera denunciado temores de que pudieran ser acceder a su casa -«no, en absoluto»- o de cambiar la cerradura por ese motivo -«yo no, particularmente», dijo. Según las acciones y declaraciones que tuvo lugar, cambió dos veces.

Con su testimonio se concluye la prueba testimonial de las acusaciones y comienza la de la defensa, con varios vecinos de la pareja, que vivían juntos desde hacía unos siete años en su piso, en el número 12 del Padre Basabe -el paquete con el mortal-. restos aparecieron en la casa de un amigo del acusado, en la calle Santa Ana, a unos 450 metros de distancia. Según la versión de Merino, se lo dio porque guardaba juguetes sexuales dentro y le «avergonzaba» que la Guardia Civil los viera en posibles registros domiciliarios tras denunciar la desaparición.

LOS VECINOS NO VIERON NI ESCUCHARON ALGO EXTRAÑO RELACIONADO CON LOS HECHOS

En primer lugar, y por videoconferencia, un matrimonio declara que tienen una casa en esa manzana, en la tercera planta, aunque no es su vivienda habitual, sino una segunda residencia, a la que suelen acudir «una vez al mes, más o menos». , indicó el hombre.

Tanto él como su esposa indicaron que entre los meses de enero y marzo de 2019 no se registró, directa o indirectamente, “algo extraño”, relacionado con los hechos que se juzgan, en el dúplex que compartían imputado y víctima.

Asimismo, coincidieron en que es “la primera vez” que son interrogados sobre este asunto, ya que nunca antes lo habían hecho policías o agentes contactados. «En poco tiempo», se tranquilizó la mujer.

Otro vecino, en el cuarto piso y que vive allí todos los días del año -eso son «cuatro o cinco» casas más, «como mucho», dijo-, no fue obligado ni se puso en contacto con la policía y no vio ni oyó nada. “de relevancia”, extremos que otros vecinos del inmueble no comentaron.

Tras precisar que trabaja fuera de casa, mañana y tarde y con un horario «muy irregular», ha destacado que tras el incidente mediático, a raíz del hallazgo del cráneo, los vecinos no comentaron nada en particular. , como «manchas de sangre» o se escucharon «ruidos extraños».

Tampoco escuchó, antes de la desaparición de Baranda -a mediados de febrero, cuando los investigadores también fijaron la fecha de la muerte-, «fuertes discusiones» entre la pareja, según los jurados.

Los miembros del tribunal también plantearon este tema a otro vecino, también del cuarto piso y que trabaja fuera de la vivienda, y la respuesta fue nuevamente negativa: “Nunca”. Al igual que testigos anteriores, esta mujer no percibió ni tuvo conocimiento de circunstancias relevantes, ni fue obligada ni contactó a la Policía, “en ningún momento”.

Tras practicar todo el testimonio, el juicio continuará este viernes, a partir de las diez de la mañana, con el inicio de la pericia. En concreto, están previstas cuatro pruebas, incluida la autopsia del cráneo, imprescindible en este caso.

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